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La naturaleza en tiempos del COVID-19

La primera noticia de este calibre nos llegaba desde China hace unas semanas. Un análisis llevado a cabo por Carbon Brief informaba que la disminución de la actividad en el país asiático podría haber reducido las emisiones de CO2 al menos en una cuarta parte. Los datos apuntaban a una disminución de 100 millones de toneladas del consumo de energía y de las emisiones de gases de efecto invernadero.



Sin embargo, los ambientalistas advertían del carácter circunstancial y temporal de este fenómeno, pues una vez recuperada la normalidad, se espera un estímulo del gobierno para aumentar dicha producción y, por lo tanto, volver a los niveles previos de contaminación.

Días más tarde, imágenes del satélite de la ESA Sentinel-5P mostraban la reducción de las emisiones de dióxido de nitrógeno en Italia tras el bloqueo derivado de la crisis del COVID-19. En un proceso muy similar al ocurrido en China, las emisiones en el país vecino cayeron en picado según el estudio, que tomó las muestras entre los días 1 de enero y 11 de marzo.


La disminución en este caso es evidente en la zona norte del país, la más afectada por el virus, ya que las restricciones de movimiento no se decretaron con carácter obligatorio en todo el país hasta el 10 de marzo.


LA NATURALEZA SE ABRE PASO


Tras esta despoblación temporal de los núcleos urbanos, la naturaleza no ha tardado en florecer ahí donde solía.


Un grupo de ciervos corría por la ciudad japonesa de Nara en búsqueda de comida por la falta de turistas. La ciudad, conocida como “la ciudad de los ciervos” por ser este uno de sus atractivos principales, se ha quedado sin visitantes que den de comer a estos otros habitantes, lo que ha provocado que se paseen por la ciudad sin ningún control.


Hace unos días, se hacía viral el vídeo de un jabalí en plena Avenida Diagonal, en Barcelona. Estos animales suelen ser habituales en zonas periurbanas. Sin embargo, ante el panorama de las ciudades vacías, cada vez se adentran más en estos entornos en búsqueda de comida.

En cuanto a los insectos “estudios realizados en los Países Bajos han revelado la muerte de 1,6 billones de insectos al año por choques con coches, trenes y aviones, sólo en este país”.

Una gran mayoría de voces coincide en la necesidad de marcar un antes y un después tras esta crisis. La prioridad, por supuesto, es ahora frenar la propagación del COVID-19. Pero si tenemos tiempo para la reflexión, pensemos en nuestro impacto sobre la naturaleza y la forma de relacionarlos con ella.


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