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Creatividad, ¿el único ingrediente en la innovación?

Pensar en ideas nuevas podría ser muy fácil. Cualquier persona tiene la capacidad de hacerlo, pero, ¿es una idea por si sola útil y valiosa? No. Sin embargo, si aplicas la creatividad para lograr un propósito, por ejemplo, satisfacer una necesidad real de la gente, se pueden lograr ideas que además de ser diferentes y originales, añadan valor a la vida de la gente: de esta forma aseguras el éxito de la solución.

Las empresas más exitosas en el mundo hacen lo posible para estimular la creatividad de sus colaboradores. Pero, ¿tener creatividad es suficiente para ser innovador?


Existe una diferencia fundamental entre la creatividad y la innovación. La primera está enfocada en generar ideas originales y diferentes. La innovación es una actividad mucho más amplia que la creatividad e incluye: 1) un pensamiento estratégico para definir qué problema exactamente se debe resolver, 2) la generación de soluciones relevantes que satisfagan una necesidad; 3) ejecución adecuada de estas ideas para monitorear su valor y obtener resultados concretos.


La creatividad es un ingrediente indispensable cuando se hace innovación, pero no reemplaza ni es lo más importante cuando se intenta ser innovador. “Una cosa es pensar en nuevas ideas, ser creativos; y otra muy distinta hacer cosas nuevas, llevarlas a la práctica, ser innovadores”.


El papel de las empresas

De igual forma, la gente más creativa ha desarrollado estas habilidades de manera formal (por medio de entrenamientos o cursos), o informalmente (durante experiencias de vida), aunque la forma más efectiva es una combinación de ambas.


A nivel empresa, muchas quieren fomentar la creatividad entre sus colaboradores, pero no todos saben cómo hacerlo. Las empresas que pretendan desarrollar el potencial creativo deben enfocarse en entrenar las habilidades que hacen a una persona creativa, y no sólo en el resultado (generar ideas). Pero hay un problema: en siete de cada diez empresas no existen los incentivos que fomenten la innovación.


Las grandes empresas valoran y fomentan el pensamiento analítico y de certidumbre, y dejan a un lado el pensamiento intuitivo y de experimentación. En un contexto corporativo no se confía en la intuición de la gente, sino en la justificación analítica y lógica para tomar decisiones.


La innovación debe de ser el propósito por el cual utilizamos la creatividad. La clave es saber emplearla en cantidades correctas y combinarla con otros ingredientes.


Pero, si no la combinas con un propósito estratégico y de largo plazo, si no ubicas el problema del usuario que pretendes resolver, si no experimentas y “refinas” la solución, cualquier indicio de creatividad será solamente una idea.


Autor: Luis Arnal. Forbes Staff

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